Nodrizas en la esclavitud: 'madres de alquiler'

Nodrizas en la esclavitud: 'madres de alquiler'
@jenniffermub

La maternidad es una de las experiencias más hermosas de la humanidad y las madres de hoy consideran una bendita satisfacción el tener que amamantar a sus propios bebés. Sin embargo,  lo que ahora es un derecho exclusivo de las propias madres, la lactancia de los hijos no fue concebida de la misma manera en la historia, incluso la maternidad era considerada una carga pesada que había que delegar a otras mujeres. En las sociedades pre-ilustradas era común que la madre no se hiciera cargo de la responsabilidad maternal de dar de lactar a su bebé y criarlo; por ello encargaban esa labor a las esclavizadas, a quienes se las denominaban “amas de leche” y/o “nodrizas”, a fin de evitar el desgaste fisiológico y la deformación corporal para mantenerse bellas y realizar otras actividades.

 

Empieza a sorprender y extrañar que la mujer que amamanta a un bebé no sea su madre. Pero históricamente lo excepcional es el momento actual; la nodriza, ama de cría o ama de leche (entre otros muchos nombres) ha sido parte de las sociedades humanas desde siempre, y sólo empezó a declinar en el siglo XIX en algunas partes del mundo.

 


 


Cumplía su papel cuando el bebé no podía contar con la leche materna, por causas que podían ser variadas. La madre podía faltar, simplemente, o podía faltarle suficiente leche propia, pero había muchos otros impedimentos, empezando por el propio horario de trabajo de la mujer, o la creencia de que las relaciones sexuales reanudadas contaminaban la leche materna.

 

Por otra parte, las élites pudientes siempre han utilizado ese recurso, y existe constancia de ello incluso en la antigua Mesopotamia. De hecho, el oficio tenía en la Roma imperial cierto prestigio y buena remuneración. Nada que ver, por usar otro ejemplo de élites, con el uso de las esclavizadas negras en las colonias americanas hasta el siglo XIX.

 



El futuro Luis XVI con su ama de cría.

 


Más de 150 años atrás, las mujeres negras esclavizadas se vieron obligadas a alimentar y criar a los hijos de sus amos.

 

A diferencia de las nodrizas de la Roma imperial que tenían este oficio como un trabajo pago, muchas de las nodrizas negras esclavizadas no tenían un pago ni elegían este oficio como profesión, tan solo eran mujeres que tenían que alimentar primero a todos los bebés 'blancos' y por último a su(s) propio(s) hijo(s). 

 

A menudo las mujeres esclavizadas tenían que estar lejos de sus propios hijos y esto en muchos casos les costaba la vida. Muchos niños murieron durante la esclavitud porque no fueron amamantados. Los alimentaban con brebajes de agua sucia y leche de vaca. Mientras tanto, sus madres estaban dando de su leche a los hijos de sus amos.

 




Si la leche de la mujer esclavizada se secaba, simplemente el propietario de los esclavizados llamaba a otra mujer para que amamantara al o a los hijos de su amo, mientras que el hijo (o los hijos) de la mujer esclavizada debía(n) pasar hambre.

 

Si todo esto no es lo suficientemente horrible... poco después de que la esclavitud se abolió muchas mujeres negras sufrieron la pérdida de sus bebés, así que la lactancia les dio la capacidad de buscar empleo pago de esta manera.

 

La tasa de mortalidad infantil durante el siglo XIX tiempo fue de 28 a 50% y algunos registros muestran que las madres pudieron haber sofocado a sus propios bebés para librarlos de una vida de esclavitud.

 

Con frecuencia se les pedía sentarse para un retrato profesional con el niño 'blanco' al que estaban amamantando.

 


 


El inicio del fin del “mercado de nodrizas” no llegó porque las madres asumieran en mayor medida la tarea, sino por la aparición de la leche en polvo a principios del siglo XIX, sobre todo una vez se consiguió adaptarla al sistema digestivo infantil. Sólo muchas décadas después empezó a hacerse médicamente evidente las excepcionales cualidades de la leche materna para el propio bebé, y todavía tardó más tiempo en extenderse la conciencia de que amamantar al propio hijo no cumplía sólo funciones nutricionales, sino muchas otras de gran importancia para su crianza.

 

 

Una gran cantidad de hombres y mujeres 'blanc@s' importantes, algunos de ellos presidentes, fueron criados por mujeres negras esclavizadas. Es el caso del ‘Libertador’, militar y político venezolano, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, conocido como Simón Bolívar, quien fue alimentado por Hipólita Bolívar, conocida como ‘Negra Hipólita’, una esclavizada de la familia Bolívar Palacios quien se convirtió en su nodriza, ya que Doña Concepción Palacios –la madre del Libertador–, no pudo lactarlo por problemas de salud (para conocer más de esta historia ➤ http://bit.ly/2vo9ZTx)

 

 

La Maternidad Delegada

A comienzos del virreinato peruano las mujeres indígenas se dedicaban a la crianza de primeros españoles americanos, a quienes daban de lactar con sus senos, y más adelante este trabajo fue realizado mayormente por mujeres esclavizadas y negras libres y por otras castas. [1] Este hecho, entre otras cosas, fue usado por los españoles ibéricos para justificar la superioridad que tenían frente a los criollos, debido a que “absorbieron” por medio de la leche los “defectos” de las naciones indígenas y africanas. Esta costumbre de lactancia por alquiler fue heredada de los europeos desde la Antigüedad, donde era normal que las mujeres de la aristocracia o acaudaladas contrataran los servicios de las mujeres campesinas para cumplir el deber de amamantar y alimentar a los bebés, incluso eran llevados a zonas rurales para que se hicieran cargo.

 


 


Las leyes de la metrópoli española prohibieron el empleo de amas de leche a las mujeres moriscas, judías y heréticas, puesto que se creía que con la ingestión de la leche materna se transmitían determinadas ideas y costumbres al lactante. De ahí que las personas de mal temperamento y carácter son explicadas en la cultura popular por mamar “mala leche”. Cuando los niños de distinta madre tomaban la leche de una misma mujer eran denominados “hermanos de leche”. Como señala Claudia Rosas, estas expresiones, creencias e ideas sobre la lactancia y crianza de los niños formaron parte de la vida cotidiana y del discurso intelectual por mucho tiempo. [2]

  

Veamos el ejemplo en esta imagen donde se observa a una "nodriza (esclavizada) de leche" amamantando a su hijo y al hijo 'blanco' de su esclavizador.

 


 


Se estableció que un solo seno podría ser utilizado para alimentar al niño 'blanco', si la esclavizada daba pecho por ambos senos tanto a su hijo 'negro' como al niño 'blanco', podía llegar a ser azotada y castigada, porque era como permitir que los dos niños compartieran la misma fuente de agua, lo que era irreprochable.

 

Las amas de leche fueron además blanco de acusaciones y sospechas, como se desprende de este fragmento, aparecido en el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio al despuntar el siglo XIX: "Los cólicos de los recién nacidos se deben a la leche gruesa y a los alimentos difíciles de digerir que toman las nodrizas. En este caso, es menester aplicarle al niño sobre el bajo vientre, fomentaciones emolientes, hacerles lavativas de malva y linaza, hacerles tomar unas cucharadas de aceite de almendras dulces y un cocimiento de arroz en que se deslieran algunos gramos de triaca. Pero las nodrizas que crían a estos niños deben privarse de todo alimento salado, picante y de gusto muy vivo; beberán al día muchos vasos de tizana hecha con raíz de malvavisco, arroz, cebada y avena y otros farináceos también muy útiles en estos casos . Se notará si la nodriza, por falta de leche, se ha visto en la necesidad de darles alimentos sólidos, medio masticados o frutas poco maduras...".  

 




A finales del siglo XIX comenzaron a aparecer libros sobre el embarazo, el parto, la lactancia y los cuidados del recién nacido, que advertían sobre las bondades del amamantamiento. También describían las características que debía tener una buena nodriza. La fortaleza de la postulante era clave. Mejillas rozagantes y algunos kilos de más eran señales de buena salud. También la procedencia importaba en algunos lugares, donde las negras o las italianas cotizaban en alta. El estado civil también podía inclinar la balanza. José Ortiz Herrera, autor de la primera tesis sobre Puericultura, presentada en 1871, comentaba: "Aunque las nodrizas casadas ofrecen más garantías de orden, de conducta y de tranquilidad de espíritu, deben no obstante preferirse las solteras madres, sobre las que se puede ejercer vigilancia más completa y no hay que temer las exigencias de un marido que frecuentemente viene a explorar a la familia". Y al referirse a las amas de leche, decía: "son exigentes, indomables y, prevalidas de la necesidad de sus servicios, explotan la ternura de los padres. Y si estos rehúsan a satisfacer hasta sus caprichos más ridículos, son siempre los desgraciados niños las víctimas de su despecho y su maldad". [10]

 


 


Un dato increíble y curioso, en la exposición de la Sociedad Rural en el país de Argentina, los ganaderos exhibían con orgullo el pedigree de sus animales, en 1907 y 1908, y la Liga Argentina contra la Tuberculosis instituyó "concursos de lactantes", para "premiar a las madres que presentaban los mejores ejemplares de la lactancia materna". En una de las entregas de estos galardones, el doctor Emilio Coni, director de la Asistencia Pública, destacaba: "A menudo llevamos a cabo grandes exposiciones rurales donde se adjudican premios a los hacendados que ponen todo su empeño en mejorar las razas de caballos, lanas o vacunos, ¿por qué entonces no se habrían de llevar a cabo concursos de niños para mejorar la raza humana?".

 

En 1908 se creó también el Servicio de Protección de la Primera Infancia, con una oficina de Inspección de Nodrizas, que se encargaba de evaluar la salud de las postulantes procurando descartar la presencia de sífilis y tuberculosis, examinar microscópicamente la leche y efectuarle un examen médico al hijo de la nodriza. Sin embargo, la práctica tenía ya sus días contados. Los avances en la conservación de la leche animal, coronados con la implementación generalizada de la pasteurización, facilitaron la sustitución de la leche materna y el declive de las nodrizas. [11] 

 

 

Las Ventajas de ser amas de leche y nodrizas

 

La costumbre de contratar a mujeres para amamantar a hijos ajenos tenía gran demanda en la época colonial y el siglo XIX; pero disminuyó en la primera mitad del siglo XX. Los periódicos constituyeron un terreno propagandístico para concretar la venta o alquiler de aquellas trabajadoras. Por ejemplo en Perú: El Diario de Lima (06/01/1791) decía: «Venta de dos criadas, una para ama de leche y otra para jornal, una mulata que sabe coser, planchar y lavar» y en El Comercio, (31/07/1856) se leía: «Se ofrece una ama de leche entera sana, de buenas costumbres y con garantías; en la fresquería plazuela de San Lázaro darán razón».

 



 Anuncio del diario El Comercio, Lima 1904



El trabajo de amas de leche no se limitó siempre a la lactancia de los bebés, sino que también comprendía el cuidado durante los primeros años y podía prologarse por más tiempo. Una familia, no recurría necesariamente a una sola nodriza, sino que podían recurrir a varias, quienes se sucedían o turnaban para alimentar y cuidar a la criatura. [3] Un caso ilustrativo es el de Úrsula Suárez, quien tuvo 10 amas de leche que la amamantaron varios meses:

 

 «[…] que desía mi madre las vestía de sarga y bayeta de Castilla y a más desto les daba plata adelantada y que luego marchaban. Yo quedaba enferma y mi madre lo estaba de un pecho apostemado, que este fue el trabajo de andar alquilado, porque  la primera ama, que era su esclava, se tuvo el reselo de estar preñada […]» [4]

 

Estas mujeres también eran contratadas en los hospitales y en los alberges de niños huérfanos. Por ende, las mujeres de recursos bajos vieron que el trabajo de amas de leche era una tarea fácil y rentable que les permitía salir de la miseria en que vivían o simplemente para subsistir. Algunas madres alquilaban los servicios de esclavizadas de otros dueños para dicho trabajo, ofreciendo oportunidades ventajosas a estas. El pago por lactancia de bebés y su crianza por varios meses, posibilitó a las mujeres esclavizadas acumular dinero para comprar su libertad.

 


 


Las ventajas no eran sólo económicas, sino también sociales. Los amos satisfechos por el trabajo de amamantamiento y cría de sus bebés otorgaban la libertad a sus esclavizadas. La ‘manumisión de gracias’ demuestra el afecto y gratitud que enmarca la convivencia entre amos y esclavizados. Por ejemplo: Camila Vásquez recibió de su ama Manuela Torres la manumisión por sus servicios y el haberle criado a varios hijos; Juana Vivas fue comprada para criar la hija de sus amos y, cuando creció Manuela Pimentel, demostró su gratitud con su nodriza otorgándole su libertad. [5]

 

 

Discursos Ilustrados sobre las amas de leche

 

Desde el siglo XVIII, los intelectuales y científicos influenciados por la Ilustración fueron definiendo el protagonismo de la mujer en la formación de la familia y su aporte en el forjamiento de una nueva sociedad. Los periódicos provocaron un efecto revolucionario en el sistema de comunicaciones, dado que suministraron una lectura continua y simultánea sobre temas a los cuales se buscaba estimular la discusión. Además constituyeron un terreno propagandístico para concretar la venta o alquiler de las amas de leche.

 


 


Hipólito Unanue (médico reformador de la medicina, político, precursor peruano de la independencia) recomendaba la lactancia hecha por la propia madre; pero si no es posible, señala las características que debe cumplir su suplente: «Si le ha de criar alguna nutriz á la que llamamos ama, elíjase ésta de edad de 25 á 30 años, sana, que tenga la cútis limpia, de una índole tranquila, y de las mejores costumbres: que su leche sea abundante, blanca, sin olor, que el gusto no sea salado sino dulce, que la leche sea delgada, que se diluya fácilmente en el agua, y que echada una gota en el ojo no le lastime». [6]

 

 

Discriminación

 

Años más tarde, prohibieron el empleo de las amas de leche, decretado por la metrópoli española, pero no por proteger a las mujeres que ejercían esta labor, sino, porque se creía que con la ingestión de la leche materna se transmitían a los niños ideas y costumbres provenientes de la mujer lactante. Las nodrizas ejercieron la función de mediadoras culturales, que en la perspectiva de los ilustrados, era peligrosa, dado que los niños podían adoptar costumbres de la cultura africana y popular. Además, se creía también que las mujeres que tenían un carácter fuerte y que habían pasado un mal día, esto le pasaría al menor con su “mala leche”, en estos casos las mujeres eran despedidas de su trabajo como amas.

 


 


Uno de los principales críticos contra las actividades de las amas de leche fue fray Juan Antonio de Olavarrieta. El tema de lactancia materna fue un tema meticulosamente desarrollado por este autor y expresó en muchas publicaciones su oposición a la contratación de amas de leche. Disertaba que tener amas de leche era «desviado de la razón”, pues «Dios, la Naturaleza misma y la Humanidad contribuyen a la subsistencia y conservación de las criaturas racionales», por tal motivo era una «culpa letal en las madres la omisión de criar a sus pechos los propios hijos». Asimismo, el autor planteó la lactancia materna como una obligación moral y religiosa, al punto de “pecar mortalmente” las mujeres que lo hicieran. [7] Incluso se acusó a las nodrizas de inculcar a los bebes de creencias y costumbres supersticiosas, hablándoles «toda clase de patrañas», como duendes, diablos y brujas.

 

 

La nueva idea de Maternidad y Privacidad

 

La familia, como la concebimos en la actualidad, fue una construcción europea del siglo XVIII. Anteriormente, las familias estaban compuestas por parientes de diferentes grados de consanguineidad y personas que trabajaban para ellas, es decir familias extensas, tanto para los estratos altos y como bajos. En este contexto, las amas de leche y nodrizas participaron de la vida familiar de sus jefes. [8] Como afirma Claudia Rosas, en el siglo de las Luces apareció en Europa un nuevo concepto y praxis de la familia, surgiendo un ideal de familia centrado fundamentalmente en la familia nuclear (una pareja con sus hijos), donde debe reinar la privacidad y la clara diferencia con el espacio público. Con ello, se definen los roles de varones y mujeres: a ellos se está reservados el ámbito público y a ellas se las restringía al hogar y al cuidado de los hijos. De este modo, a las mujeres se les exaltaba su función de maternidad como centro gravitante de sus vidas. [9]

 


 


Este nuevo ideal de familia nuclear se da en Hispanoamérica más tarde y en forma distinta que en Europa. A pesar de que la prensa de finales del siglo XVIII postulaba los principios de la familia nuclear y la importancia de la maternidad, el tipo de familia tradicional se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo XIX, debido a las estructuras jerárquicas heredadas del Coloniaje y la presencia de la esclavitud.

 

 

Tabúes duraderos

Devane-Johnson enfermera-partera de Greensboro, Carolina del Norte (USA), comenta que las mujeres afroestadounidenses tienen una de las tasas más bajas de lactancia materna.

 


 


Los datos nacionales muestran que sólo alrededor del 59 % de las mujeres negras amamantan, en comparación con el 79 % de los blancos y el 80 % de las mujeres hispanas. En Carolina del Norte, esas tasas son aún más bajas: sólo el 44 % de las madres negras amamantan.

 


 


Asi que realizó una investigación para su doctorado en la Escuela de Enfermería UNC-Chapel Hill, donde llevó a cabo grupos focales para preguntar a las mujeres afrodescendientes sobre la lactancia materna y encontró algunas razones sorprendentes por las que estas mujeres decidieron no amamantar. Algunas dijeron que era un tema que no podía ser tratado en sus familias, porque a veces los senos son vistos como sexuales y no como funcionales. Tambien estaba el legado perdurable de la esclavitud. "Habían algunas mujeres negras mayores que querían desvincularse del pasado, de la esclavitud y de la enfermería. Por desgracia, con demasiada frecuencia hoy, las familias afroamericanas se están criando con la mentalidad de que la lactancia materna es esa esclavitud", dijo Devane-Johnson.

 

 

El retorno a la lactancia materna

 

Más tarde, cuando la evidencia científica mostraba los beneficios para la salud de tomar pecho, las mujeres blancas volvieron a amamantar a una tasa mayor que las negras. "Esa información llegó más rápido a los estratos con más educación e ingresos que a la población afroamericana", explica Sims-Harper, directora de la organización A More Excellent Way Health Improvement y portavoz de la coalición de lactancia materna de California.

 

"El hecho de que haya menos probabilidades de que las mujeres negras tengan una buena educación y que en promedio cuenten con menos ingresos que las blancas crea otros problemas. 

Es menos probable que las afroamericanas reciban servicios de asistencia sanitaria, con lo cual, no siempre tienen educación sobre los beneficios de amamantar.

Estas barreras institucionales crean una brecha de conocimiento, y como consecuencia son menos las mujeres negras que quieren intentar dar leche que las mujeres de otros grupos que cuentan con hermanas, madres y amigas que pueden ofrecer experiencia, apoyo y consejo.

 


 


En la comunidad afroamericana, debido a que la tasa es tan baja, no vemos a mujeres amamantando", explica por su parte Dalvery Blackwell, cofundadora de una red de lactancia materna afroamericana de Milwaukee.

"No es la norma", agrega.

 

No obstante, ello no significa que la mujer negra no amamante. El grupo "Black women do breastfeed" tiene una página en Facebook en la que sube fotos de mujeres afroamericanas dando pecho, difundiendo sus historias y apoyándolas por la labor que hacen.

 

 

 

Citas

[1]  Lavallé, Bernard (1993). Promesas ambiguas. Ensayos sobre criollismo colonial en los Andes. Lima: IRA, p. 48.

[2]  Rosas Lauro, Claudia (2005). “La visión ilustrada de las amas de leche negras y mulatas en el ámbito familiar (Lima, siglo XVIII). En Passeurs, mediadores culturales y agentes de la primera globalización en el Mundo Ibérico, siglos XVI-XIX. Lima: IRA-IFEA, pp. 312-313.

[3]  Rosas Lauro, Claudia. “La visión ilustrada…”, p. 325.

[4]  Salinas, Cecilia (1994). Las chilenas de la Colonia. Virtud sumisa, amor rebelde. Santiago: Lom Ediciones, pp. 42-43.

[5]  Aguirre, Carlos (1993). Agentes de su propia libertad. Los esclavos de Lima y la desintegración de la esclavitud, 1821-1854. Lima: PUCP, p. 151.

[6]  Unanue, Hipólito (1812). El clima de Lima y su influencia en los seres organizados, en especial el hombre. Lima: Imprenta Real de los Huérfanos, p. 147.

[7]  Zegarra, Margarita (2005). “Olavarrieta, la familia ilustrada y la lactancia materna”. En: Passeurs, mediadores culturales y agentes de la primera globalización en el Mundo Ibérico, siglos XVI-XIX. Lima: IRA-IFEA, pp. 367-368.

[8]  Zegarra, Margarita (2001). “La construcción de la madre y de la familia sentimental. Una visión del tema a través del Mercurio Peruano”. Histórica, Lima, vol. XXV, n° 1.

[9]  Rosas Lauro, Claudia. “Una visión ilustrada…” pp. 327-328.

[10] "Nociones sobre el cuidado de los niños, aparecido en el Seminario de Agricultura, Industria y Comercio entre los años 1802 y 1807", Aurelia Alonso, publicado en la prensa médica Argentina, el 25 de septiembre de 1945.

[11] "De nodrizas y parteras" Alejandra Correa, Revista todo es Historia febrero 1997.

 

 

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